5 Pointz: una historia que se acaba

5pointz-Axel Taferner

Arte Actual

5 Pointz. Una historia que se acaba

Por

Núria Forqués Puigcerver

el 3 enero, 2014

@nuforpui

Todo empezó en blanco y negro, cuando la fotografía todavía no capturaba los colores; y del mismo modo todo acabó, los muros cubiertos de blanco, sus seguidores del más oscuro luto. Su historia, en cambio, estuvo llena de color.

La vida tomaba forma entorno al edificio; no obstante, el edificio no importaba, era simplemente el soporte, el escenario desnudo en el que se iba desarrollar una gran función. Lo realmente relevante eran sus muros, más concretamente, su capa externa, su piel; una fina piel que iba tomando grosor con el tiempo debido a las múltiples capas que se sucedían una y otra vez, y que contribuían a relatar una historia; una historia con triste desenlace.

Queens Borough, New York City, 1920

Imagen tomada de Google Libros: Queens Borough, New York City, 1910-1920: The Borough of Homes and Industry, a Descriptive and Illustrated Book Setting Forth Its Wonderful Growth and Development in Commerce, Industry and Homes During the Past Ten Years … a Prediction of Even Greater Growth During the Next Ten Years … and a Statement of Its Many Advantages, Attractions and Possibilities as a Section Wherein to Live, to Work and to Succeed. Chamber of Commerce (Queens, New York, N.Y.) – January 1, 1920

La razón del inicio de todo esto fueron los contadores de agua. El 1892, se alzó en el monocromático paisaje la Neptune Meter Company of Long Island City, dedicada a la producción de esa nueva tecnología que permitía medir el consumo, pagar por lo que se utilizaba, ni más, ni menos. El negocio prosperó y, finalmente, la compañía se trasladó, quedando el edificio abandonado.

Veinte años después, sin embargo, la vida volvió a latir. El grafitti cobraba más y más presencia en las ciudades y las autoridades se empeñaban en luchar para erradicarlo de las calles. Pat Dilillo trabajaba en Grafitti Terminators, una de las empresas que más se esforzaba por borrar los grafittis ilegales de los espacios públicos de Nueva York. Él mismo se encargaba de dejar los muros desnudos, de deshacerse de cualquier rastro de aerosol que los ocupase.

The Phun Phactory_Jonathan Percy

The Phun Phactory © Jonathan Percy

No obstante, al poco tiempo, se dio cuenta de que aquello no eran simples actos vandálicos, sino que se trataba de arte, de obras de artistas de la noche. De este modo, Dilillo se enamoró de las pinturas que le encargaban arrasar; por lo que, en 1993, decidió abandonar su negocio y fundar la Phun Phactory Aerosol Art Corporation, una asociación sin ánimo de lucro que se dedicaba a promocionar el grafitti y las artes murales y que se estableció en la antigua fábrica de contadores.

Con esta iniciativa, el viejo edificio se empezó a llenar de color. Esta situación abrió un nuevo camino para los artistas callejeros; se les estaba ofreciendo  un inmenso lienzo en el que podían plasmar su arte sin ser acusados de criminales, de realizar actos ilegales, de apoderarse sin permiso de la propiedad de los demás para plasmar sus creaciones. Se les permitía crear, se les incitaba a ello, a plena luz del día, en la calle, en la ciudad. Y así, durante un tiempo, la triste fábrica se convirtió en una exposición dinámica dedicada al arte del aerosol; en un museo que, sin pudor alguno, exhibía sus obras a todo el público, sin miedo, transgresor, excitado.

5pointz_iamNigelMorris

5pointz © iamNigelMorris

En el año 2002, tomó las riendas del conjunto el artista Jonathan Cohen, más conocido por su pseudónimo Meres One. Él se encargaría, desde entonces, de gestionar los repletos muros de lo que a partir de ese momento se empezaría a llamar 5 Pointz; nombre que hacía referencia a los cinco grandes barrios de Nueva York unidos por el arte de la calle. Pero no solo quedaría unida la gran metrópolis, sino que la antigua fábrica empezaba a convertirse en la Meca del grafitti, llegando a unir en sus paredes a artistas del aerosol de todo el mundo. Cohen pasó a ser el que administraría, a partir de entonces, las nuevas obras, su posición y la duración que tendrían. A mayor calidad, más tiempo, más visibles; lo cual no cerraba las puertas a los jóvenes artistas que aspiraban a plasmar su arte en esas paredes, había lugar para todos.

Con el tiempo, el arte se iba acomodando, cubriendo los viejos ladrillos, capa tras capa, amenizando la rutina de los pasajeros del tren 7, los cuales podían observar desde lo alto de las vías cómo los colores iban cambiando, sumiéndose en un constante flujo de obras que dialogaban entre sí y que iban expandiendo su territorio, extendiendo sus tentáculos y dejando que el arte invadiese sus alrededores.  La calidad e importancia de este arte expuesto retaba al introvertido y reservado MOMA PS1, vecino suyo; entre ambos, generaban un punto de atracción importante en el barrio Queens, una intersección entre dos tipos de exhibiciones muy distintas, dedicadas al arte y la cultura.

Phillip Kalantzis Cope

Street © Phillip Kalantzis Cope

Esta exaltación del arte callejero se convirtió en un símbolo de la ciudad, ganó fama internacional e incluso fue escenario de campañas publicitarias, videos musicales o superproducciones de Hollywood.

Por supuesto, este edificio pertenece a alguien; en nuestro mundo todo pertenece a alguien, y en este caso, el propietario es Jerry Wolkoff. Wolkoff permitió durante muchos años que los artistas invadiesen sus muros con pinturas y aerosol, pero había advertido que tenía planes de que este edificio no durase para siempre. Alquiló, durante una temporada, zonas del interior del edificio como estudios para artistas, pero las cuentas no eran muy provechosas, así que se planteó la posibilidad de sustituir la antigua fábrica por un nuevo complejo de apartamentos de lujo, idea que se mantiene y se va a realizar en un futuro muy cercano.

Cohen y otros artistas, por su cuenta, se unieron para luchar a favor del arte, intentando convertir el que se había establecido como uno de los iconos más importantes de Queens, en un monumento reconocido como tal, que obtuviese un título lo suficientemente contundente como para poder paralizar la destrucción de todas esas obras.

5 Pointz The Institute of Higher Burnin_Axel Taferner

5 Pointz The Institute of Higher Burnin © Axel Taferner

Y es aquí donde se esconde el dilema del arte callejero, justo en esa fina línea que separa lo público de lo privado. No es una simple cuestión de gustos, de si es bueno o es malo, sino que es un arte que nos abre las puertas hacia una discusión que gira en torno a la propiedad, de hasta qué punto la ciudad nos pertenece y hasta qué punto lo público lo es. Es ese delicado límite entre tu libertad y la mía, entre la mía y la de todos.

Al fin y al cabo, el arte callejero se considera mayormente ilegal, por apoderarse sin permiso de superficies que pertenecen a otros; pero gracias a iniciativas como lo fue la Phun Phactory y lo ha sido 5 Pointz, cada vez, el grafitti y el arte del aerosol en general, son más aclamados por la comunidad, y se han convertido en una herramienta más a la hora de revitalizar algunos espacios urbanos, algunas tristes medianeras e incluso las fachadas de algunos comercios. Y ésto se debe a que es un arte con vocación de ser público, para todos, sin excluir a nadie; no es un arte elitista cuya finalidad es ser una mercancía más; no, eso aquí no importa. No es un arte que se exhibe de puertas hacia dentro, sino que se desnuda sin pudores de muros hacia afuera.

Por tanto, el logro de 5 Pointz, como en un principio lo soñó Dilillo, ha sido conseguir que el arte callejero consiguiera el estatus de arte, aceptado y reconocido, lo cual, ayuda al mismo a evolucionar, a mejorar y continuar su camino. Ha ayudado a que la sociedad pasase de llamar vándalos a los que ocupaban sus muros, a llamarlos artistas; así como ha promocionado que éstos deseen superarse, no rallar simplemente una rápida firma, sino poner en marcha su creatividad para ofrecer sus mejores creaciones. De estas se nutría el antiguo edificio.

5 Pointz Lives On_Steven Severinghaus

5 Pointz Lives On © Steven Severinghaus

El pasado noviembre, Cohen y la asociación Save 5Pointz llegaron a ver un esbozo de esperanza en sus negociaciones con las autoridades por asignar al conjunto la categoría de museo al aire libre. Ante la amenaza de que efectivamente esto sucediese, durante la madrugada del 19 de ese mes, Wolkoff, custodiado por miembros del departamento de policía, procedió a cubrir los coloridos muros de un blanco desolador, que se extendía con desprecio, cubriendo las múltiples obras de arte. Lo hizo en plena noche, escondiéndose; al fin y al cabo, en su interior, sabía que estaba haciendo algo que no debía, estaba poniendo fin a una historia de la muchos habían formado parte. Estaba pintando sus muros, los de su propiedad, pero lo hacía sobre otras capas previas que no le pertenecían a él, sino a sus creadores y al resto del mundo.

Esa madrugada, la ciudad de Nueva York se despertó dolida, abatida, sintiendo que le habían arrebatado 20 años de historia con un simple encalado. El edificio ahora se mostraba como un lienzo en blanco, pero los artistas no tenían fuerzas ni poder para poder volver a cubrirlo; y los pocos que lo intentaron, fueron arrestados al momento.

Ahora, Wolkoff se justifica; explica que era la forma menos cruel de acabar con ello antes de proceder con el derribo, que simplifica las cosas y evita el sufrimiento de haber visto como, pieza a pieza, el arte se precipitaba hacia el suelo hecho pedazos. Dice que en su nuevo edificio habrá espacio reservado para estos artistas; no obstante, muchos afirman que nadie volverá a decorar sus muros, que no le ofrecerán ese honor.

La polémica sigue, los artistas intentan demandarle acogiéndose a la ley de la propiedad artística; mientras que Wolkoff se acoge a la propiedad material. Como hemos dicho, se plantea un dilema entorno a las posesiones, que incita a reflexionar. Una discusión que lleva tiempo sumergida en la sociedad, y que incitó a la creación de la Phun Phactory, hace ya muchos años.

Bianco_agent j loves nyc

Bianco © agent j loves nyc

De momento, la situación no se resuelve, los artistas siguen luchando a favor del arte, y Walkoff se sigue preparando para empezar con la demolición de la antigua fábrica de contadores. La ciudad cuenta los días que pasan antes de ver como esta historia escribe el punto final, pues se planea terminarla en breve. Una vez reducido a escombros, este arte tendrá que buscar un nuevo hogar.

Portada: 5Pointz © Axel Taferner

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Núria Forqués Puigcerver

Estudiante de último curso en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Valencia.

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