Abel Barroso, al borde de las fronteras

Volver a casa orica- 93 x 105 x 80 cm.

Arte Actual
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Abel Barroso, al borde de las fronteras

Por

Maeva Peraza

el 4 noviembre, 2015

  • El artista cubano Abel Barroso (La Habana, 1971) reformula en su obra el concepto de Tercer Mundo, con una perspectiva irónica donde la inventiva y la refabricación ocupan un lugar fundamental.
  • Sus piezas fungen como alternativas a la carencia de tecnología y transporte, utilizando materiales desechables y precarios, demostrando así que el subdesarrollo solo es un “estado mental” frente a la originalidad de la creación.

La obra de Abel Barroso (La Habana, 1971) muestra determinaciones que han apartado su quehacer de las tendencias imperantes en el arte cubano. Desde inicios de los años noventa, su producción se distinguió por interrogantes planteadas en un ámbito de agudas tensiones sociales; pero sus cuestionamientos no estaban encaminados a discursar acerca del estado de cosas imperante, sino sobre la creación misma como uno de sus principales centros de atención. De este modo su trabajo, marcado por una producción continua en el campo del grabado, no solo advirtió la importancia del discurso referencial en los propios marcos artísticos, pues también rechazó la bidimensionalidad del grabado para convertir las piezas en artefactos, en mecanismos de ensamblaje que interactúan con su contexto.

Su trabajo concibe la xilografía –una de las técnicas frecuentemente empleadas por el artista– desde la ductilidad de las formas y el rescate del objeto cotidiano. Este hecho evidencia un gusto por ingeniar la pieza, teniendo en cuenta su funcionalidad y diseño, para convertirla en un artefacto operante, mediante el cual alude a las dinámicas del desarrollo tecnológico –que en el caso cubano suelen estar alejadas de los estándares internacionales.

Fábrica de la globalización. Xilografía. Instalación. Dimensiones variablesFábrica de la globalización. Xilografía. Instalación. Dimensiones variables © Abel Barroso

El modo que encuentra el artista de enfrentar esta realidad y a su vez concebir una propuesta alternativa que arroje algunas respuestas en el plano estético y funcional es refrabricar implementos tecnológicos. Pero Barroso emplea dichos recursos alejándose de las tendencias new media. Por el contrario, sus recreaciones presentan un fuerte sentido lúdico, que alude a una idiosincrasia basada ante todo en el reciclaje; lo que muestra no solo una amplitud de sus dominios técnicos y de sus tópicos, sino también de sus preocupaciones, las cuales expone con una óptica universal. De esta manera, el artista creó la Mango tech, un sello identitario para producir diversos equipos que remedan las formas y usos electrónicos. Con esa acción, declara la otredad de su trabajo, empleando como materiales fundamentales la madera y el cartón. La distinción tercermundista con que opera su obra –incluso los títulos de sus piezas más emblemáticas acotan esa precisión– mantiene dicha intención, pues lejos de copiar exactamente los referentes, Barroso juega con ellos, reinventando y refuncionalizando robots, ordenadores y teléfonos móviles.

La tecnología interviene en el contexto, poniendo en tela de juicio la originalidad del objeto y la importancia de su uso. Lo anterior muestra las preocupaciones del artista por los destinos del hombre, que son convertidos en referentes, en pretextos dentro de su producción.

Si bien la obra de Abel Barroso se mueve en un amplio rango visual, el grabado es un elemento central en todos los terrenos de su producción. Desde un inicio el artista desafía la condición finita, bidimensional del grabado. El creador concibe la técnica xilográfica desde el movimiento, desde una gestualidad ligada a lo escultórico y a lo instalativo. Su grabado no mantiene la impresión en los formatos habituales, lejos de ello, prefiere jugar con las texturas de las matrices y evidenciar el tallado en el taco de madera. Así Barroso intenta romper los esquemas formales de una tradición; mostrando además las posibilidades interactivas que presentan estas instalaciones o esculturas, en las cuales la participación del receptor completa el sentido de la pieza.

El artista desmitifica la serialidad de la obra para convertirla en un referente único. Coqueta, armario y escalera (1990), uno de sus primeros trabajos conocidos, propone dicha objetividad a partir de una visión crítica, que alude a un entorno de escasez reflejado en el panorama artístico de entonces. Así Barroso comienza a extraer su materia prima de la vida cotidiana. De la misma forma, las piezas Teoría del tránsito del arte cubano (1995) y The Rush for Free Land (1996), mantienen su interés por el trabajo con los objetos, pero estos conjuntos masifican sus significados al introducir el motivo del viaje, del trasiego del ciudadano cubano en busca de un mejor estatus; los intereses del artista se amplían, evocando cuestiones relacionadas con la nacionalidad y la pertenencia.

Abel Barroso -Teoria Del Transito Del Arte Cubano Metal y Objetos DiversosTeoría Del Transito Del Arte Cubano (1995). Madera, Tinta Sobre Papel Kraff, metal y objetos diversos. Dimensiones variables © Abel Barroso

Por su parte, en el conjunto Los sueños no caen solos (1997) es posible constatar una pervivencia del objeto y sus funciones básicas, pero alentando una simbología que escapa de los márgenes circunstanciales. Lo mismo sucede con la obra Esto no hay quien lo arme (1988), donde el artista incrementa su vocación de dialogar con el receptor, pretendiendo activar en este un estado de opinión sobre la convulsa situación mundial.

los sueños no caen solos 1997talaciónLos sueños no caen solos (1997) © Abel Barroso

Sus impresiones en las matrices xilográficas se distinguen por una marcada línea gruesa, donde las formas representadas, lejos de ser retratos precisos, constituyen alegorías que Barroso manipula. Esa visceralidad de las formas responde al mismo interés de todos sus trabajos: dinamitar la obra y volverla referencia del proceso de creación. En este sentido, la pieza Café internet del tercer mundo (2000) constituye un punto álgido dentro de su trabajo, pues dicha obra no solo mantiene el intercambio con el público, también recrea todo un ambiente que persigue evocar una atmósfera semejante a la de los cafés. Las computadoras funcionan accionando una manivela que posibilita la sucesión de una serie de imágenes en la pantalla. El artista mantiene el influjo de su tecnología, tan necesaria como satírica, y frente al desfasaje tecnológico crea tecnología “de palo”; una suerte de distinción que mantienen casi todos sus artefactos. También la pieza Automóviles del tercer mundo (2003) persigue esa intención, donde los automóviles sugieren a partir del material situaciones como la polución mundial o el estado del transporte en Cuba.

Cafe Internet del tercer mundo (detalle)Café Internet del tercer mundo (detalle). Instalación. Dimensiones variables © Abel Barroso

En el caso de la obra Tecnology Man (2002), el sentido irónico parte de performatizar el acto tecnológico. Si bien sus piezas anteriores privilegiaban lo instalativo, en este caso la interacción con el artista es mucho más ostensible, pues este se coloca dentro del robot y lo acciona comunicándose con el público. La pieza varía un poco en cuanto a la dinámica de los trabajos precedentes, pues el intercambio con el receptor es llevado a otro nivel; algo consecuente en relación con sus búsquedas anteriores.

Pero es la exposición Muros reales, muros virtuales, (2010) donde se conectan las diversas indagaciones de Barroso y aparecen intereses ligados a su preocupación por la situación del hombre en el macrocontexto mundial. En este caso, se evidencia su acercamiento a cuestiones como el desarrollo desigual y la globalización, del mismo modo que examina las tensiones de insertar al ser humano en circunstancias convulsas. La obra Doble nacionalidad se presenta como un elemento nuclear dentro del conjunto; el público debe lanzar argollas de madera hacia un mapa del mundo y, si alguien acierta, se le entrega un pasaporte del norte o del sur. De ese modo queda definido uno de los conflictos fundamentales que le interesa estudiar al artista; la desigualdad de circunstancias que definen o cercan a los individuos en la actualidad.

La obra de Barroso, no exenta de cierta tensión a la hora de definir su camino artístico, que alterna entre el performance, la escultura y la instalación, mantiene una focalización directa al grabado, alejada de los estándares habituales en dicha vertiente creativa. Su visualidad inclusiva y plural utiliza el grabado como un pretexto para la experimentación con texturas y dimensiones, pero también para exteriorizar conceptos y situaciones de innegable actualidad.

Las preocupaciones de Abel Barroso se traducen en alternancias donde es posible constatar la presencia de distinciones opuestas; la primera de ellas es la dualidad norte-sur. El artista esboza dicho conflicto en la representación de la industrialización del norte y en la mirada al sur como un espacio depauperado, que está a la zaga del progreso –sin dudas un calco de la situación que experimenta el continente americano. Es constatable en su obra el gusto por crear un límite al interior de las piezas, tanto fáctico como imaginario, lo cual alude a la desigualdad que hace eco en todos los fenómenos y hechos sociales que evoca.

Lo anterior se encuentra especialmente ligado al tema migratorio, desde el que Barroso aboga por resaltar la diferenciación entre el espacio de origen y el lugar de destino; pues le interesa la ida como exploración de un mundo de posibilidades, pero también la vuelta al lugar de procedencia. Su visión del fenómeno está planteada con gran síntesis en la pieza Volver a casa, que exterioriza la situación como un juego, en el cual el hombre es llevado de un sitio a otro al azar.

Otra de esas duplicidades es el par tecnología-subdesarrollo, apreciable en gran parte de su producción. Frente a la nulidad de la tecnología, el artista emprende nuevas búsquedas que dejan al descubierto la precariedad del contexto, hecho que es visible en el uso del material. Por su parte, la distinción tercermundista en sus trabajos marca igualmente un límite, un interés por focalizar un contexto al margen. En la mayoría de los casos su modo de establecer esa diferenciación es maximizando el conflicto centro/periferia, expresado en la urbe cosmopolita, frente a una caracterización campesina alusiva a la pobreza y el atraso, lo anterior es visible en la pieza Intolerancia alta. Barroso evoca así los muros opuestos que marcan la contemporaneidad, las escisiones irreconciliables que construye el ser humano.

Pero los límites que establece el artista no siempre son reales, a veces discursan sobre las fronteras psíquicas o muros mentales que establecen los individuos. Barroso exterioriza dicho margen de diferenciaciones, representando un camino doble, poblado de conflictos propios de la cotidianidad. Sus fronteras no marginan, lejos de ello, remedan imposibilidades que reconocemos porque condicionan nuestro comportamiento y nos colocan en un marco de relaciones igualmente mediado.

Si bien en un primer momento su trabajo se circunscribió casi exclusivamente al tema cubano, su mirada se ha ido ampliando paulatinamente para abordar otros asuntos de trascendencia más universal. El individuo que retrata difumina los márgenes de su nacionalidad, sumándose a cualquier contexto orgánicamente, pues las inquietudes y dudas que remarca el artista no son hechos propios de un lugar determinado, ya que cuestiones como la globalización, la desigualdad territorial y el desarrollo vertiginoso de la tecnología están inmersas en una dinámica universal. Esa intención puede apreciarse en sus recientes muestras en Japón o Francia, donde su trabajo se permite mantener una perspectiva regional y funcionar en esos contextos al mismo tiempo. La obra de Abel Barroso se posiciona en un punto medio que bordea los límites y las fronteras, saltando así los cercos territoriales para ubicarse en un espacio neutral de plena libertad creativa.

Imagen de portada: Volver a casa (2010). Xilografía Escultórica. 93 x 105 x 80 cm © Abel Barroso


Para saber más:

  • Abel Barroso-Jugando a saltar muros. En: In Touch with Cuba, online.
  • Arte Cubano Contemporáneo. Colección Consejo Nacional de Artes Plásticas. Catálogo 2008-2013. Artecubano ediciones, La Habana, 2014.
  • Catálogo Abel Barroso. Habana Cultural.
  • Cepero, Iris: Abel Barroso: artista del tercer mundo. Revista La Jiribilla.
  • En Conversación: Abel Barroso. En: Cuban Art News, website de la Fundación Farber.

¿CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO?

PERAZA, MAEVA: «Abel Barroso, al borde de las fronteras». Publicado el 4 de noviembre de 2015 en Mito | Revista Cultural, nº.27 – URL: http://revistamito.com/abel-barroso-al-borde-de-las-fronteras/

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Maeva Peraza

La Habana, 1988. Licenciada en Filología por la Universidad de La Habana. Labora como editora del periódico Noticias de ArteCubano en Cuba. Sus campos de acción profesional son la crítica de arte, la edición y la curaduría.

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